
...dice una canción de Sabina.
Y el sábado decidí que ya estaba bien, que he vivido en esta ciudad casi 2 años y que nunca había probado un motel. Y que tenía que terminar con esta carencia en mi vida.
¿Cómo son los moteles salvadoreños? En una sociedad de doble moral tan acusada como ésta, con sus valores morales católicos imperantes y con un índice de infidelidad tan alto como no he conocido en la vida, los moteles son el refugio de amantes, parejas que viven con sus familias y no pueden coger en sus casas y puteros en general. Sólo existe la modalidad auto-motel: entras a la habitación a través de un párking individual, cierras la puerta del garaje y unas escaleritas te llevan a una habitación enorme, con sala y sofás, cama de matrimonio, espejos gigantes por doquier, ducha espaciosa en el baño, rollo de papel higiénico en la cabecera de la cama, sábanas rojas y blancas y una especie de arcón que sirve de comunicación con la recepcionista. Descuelgas el teléfono y hablas con ella, dices las horas que estarás, te dan el precio (media de 11 dólares por 8 horas, pero puedes elegir el tiempo que quieras), pagas a través del arcón y pides lo que quieras: jalo, bebida, condones, cenicero...etc., a un módico precio.
Nadie te ve ni ves a nadie. Nadie te molesta. Nadie sabe que estás allí. Discreción total y absoluta.
Qué hice allí y con quién estuve tendréis que imaginarlo...
